La poeta venezolana María Antonieta Flores presentó el mes pasado su poemario Regresaba a las injurias.
El poema que lleva ese mismo nombre me ha cautivado. Es un poema en prosa y cada frase es perfecta, es decir, pulcra, sin adornos innecesarios, con detalles claves para construir la escena. “el silencio se había impulsado de la piel“ es una de las frases. El silencio… pudo haberse desprendido de la piel para al fin ser libre y poder gritar lo que nunca dirá… o pudo haberse nutrido de la piel para tomar fuerza y hacerse notar… no sé, se los dejo a su discreción. Pero lo que sí creo es que la frase es tan limpia como el silencio mismo.
Esa oración, así como todo el texto, está llena de sensualidad, de mucha fuerza, decisión y aplomo. La voz poética no duda, no se arrepiente de dar un paso hacia la pasión sabiendo que su pasado ya ha sido marcado. Y a conciencia trae “los colores del perdón“. ¿De qué color es el perdón? ¿Acaso tiene algún color? Nunca me había puesto a pensar en eso. La voz poética no sólo lo afirma sino que actúa con determinación y trae los colores del perdón a la cama, para que participen, para que dictaminen el punto de partida de una labor que está a punto de comenzar, de “una faena limpia“.
Y limpios van quedando cada espacio entre palabras, cada pausa, cada frase dicha. Sin más ni menos. De repente el perdón sí tiene color… el color de la pulcritud, de empezar de nuevo.
Les dejo un video de María Antonieta recitando el poema. Estoy segura que les gustará.