"Entre dos aguas" (2006). Roberto Fernández.
"As I lay dying" (1936). WIlliam Faulkner.
"Memorias de Altagracia" (1974). Salvador Garmendia.
"Tierra del sol amada" (1919). José Rafael Pocaterra.
Juan Luis Guerra es mi músico preferido, después de Carlos Odría, claro. Esto es algo que no es común en mí porque no tengo casi nada preferido… pero en cuestión de música Juan Luis Guerra se convierte en el ídolo por ser tan simple y profundo a la misma vez. Yo lo considero un poeta, los poetas al fin de cuentas son tan sensibles como los músicos. Se los digo yo que vivo con uno.
Además del buen gusto con que compone sus canciones y el sentimiento agradable que la musicalidad de estas me producen y hacen que mi cuerpo se mueva sin mucho esfuerzo, lo que me maravilla es la capacidad de Juan Luis de sacar tantas ideas tan profundas de situaciones tan simples. Lo cotidiano se convierte en complicado, y a la vez hermoso, en manos del artista. Cómo puede el autor hacer de un par de colores, un lápiz, un beso robado, un susurro, un café, una burbuja, un par de medias… algo tan intenso, agudo y pentrante… como esta canción:
A la vera
A la vera de mi casa un arcoiris se ha escondido me presento como amigo y lo llevo de la mano a beber agua del rio
Caminamos por el monte Despeinando sus colores pero el verde se hizo pino y el azul se enredaba en los cielos del camino
Y un buen dia mi arcoiris Le dió amores a una nube Desde entonces no he sabido quien lo lleva de la mano a beber agua del río
quien te lleva de la mano a beber agua del río quien te lleva de la mano a beber ….
Juan Luis Guerra
Los colores del arcoiris se entrelazan con lo humano. Aquello terrenal trasciende a un plano superior. La acción de despeinar, un acto tan simple como ese, se transforma en algo sublime, hermoso, y hace que la belleza del arco iris se esparza por los aires y llegue a nuestra vista. Sublime, sublimísimo, diría yo.
Eso es precisamente lo que me maravilla, me deja atónita, Juan Luis Guerra puede extraer lo excelso de las nimiedades que rodean la vida diaria y rutinaria y crear un poema. Tenía que conversar un poco acerca de él en mi blog, tomando una tacita de café y pensando en cómo el azul se enredó en el cielo del camino.
En su poema “Racimos“, Román Luján, poeta mexicano y persona encantadora, despliega una serie de preguntas y las deja allí, sin respuesta, o más bien, sin solución precisa. Cada verso es una pregunta y el lector si lo desea puede adentrarse en la búsqueda de la posible respuesta o solución de dicha pregunta. También el lector puede simplemente dejarlas allí, para más tarde, para la merienda, o para después de la cena. Como las uvas. Las preguntas están suspedidas y se mecen dispuestas a ser aprehendidas por el que quiera saborearlas. Un racimo de inquietudes, de incertidumbres. Interrogantes que a simple vista están puestas allí sin razón de ser pero que junto a las demás forman un todo, un racimo de gran peso.
Yo he levantado la mano y he agarrado algunos versos. Me dispongo ahora a conversar un poco de algunas preguntas, tal vez con el objetivo de encontrar la respuesta, o quizás con las ganas de preguntar más. Estaré escribiendo de vez en cuando acerca de las preguntas que me llamaron más la atención, o que yo misma me he preguntado alguna vez, siendo la primera que escojo “¿Se considera aún café con leche o ya es un latte?”.
Esta pregunta, en otra versión, me la hice hace dos semanas. Mis conocimientos de otras lenguas romances a veces permanecen dormidos o mejor dicho no se despiertan cuando tienen que despertarse, entonces, permanecía despistada frente la existencia de la palabra latte y su equivalente leche. Es decir, por alguna razón mi cerebro me decía que un latte y un café con leche eran dos cosas diferentes. Después, un día se me iluminó la mente y pensé en lo despistada que era por no acordarme que sencillamente es la misma cosa pero dicha en dos idiomas diferentes. Y así todo iba bien hasta hace dos semanas.
Entré por primera vez a un cafecito aquí en Tallahassee que se ha puesto de moda. Fui con mi laptop y tareas para corregir y me disponía a tomar un café. En los últimos meses siempre que salgo a tomar café pido un latte porque sé que es básicamente un café con leche. Pero la tragedia llegó cuando me metí en ese lugar… me paré frente al mostrador con la mirada alta, analizando la lista de especialidades de café que brindaban y los precios. Pasé por cappuccino, mocha, white mocha, y llegué al latte. Cuando me disponía a pedir me di cuenta que en una sección apartada del menú, decía café con leche. ¿Qué es esto?… me pregunté a mi misma. ¿Son dos cosas? Pues vencí mi terror y le pregunté a la muchacha que atendía. ¿Cuál es la diferencia? Ella muy amablemente me respondió, sin embargo yo no entendí nada, ni una palabra. Tenía que ver algo con el café… que si era espresso o no… pero en fin… me quedé en el limbo de la incertidumbre.
Sin embargo, pedí el café con leche, en vez del latte, y estaba muy rico por cierto. Preferí el código conocido ante el extranjero en mi paladar. Entonces Román, ya no sé si se considera aún un café con leche o si ya es un latte o si está ocurriendo una metamorfosis y nuevas invenciones están siendo creadas usurpando los nombres ya conocidos. Lo que sé es que antes que cualquier latte, el café con leche es café con leche.
Si por ahí han oído este término también deben haber escuchado que proviene de la teoría del caos. Resulta que el simple aleteo de una mariposa puede desencadenar resultados muy diferentes de lo que se tiene previsto. Sólo un detalle por muy simple que parezca puede cambiar el rumbo de las cosas. Eso me impresiona y al mismo tiempo me fascina. Desde que conozco el concepto del efecto mariposa siempre me ha asombrado lo lógico de su razón de ser.
Si nos ponemos a pensar en cualquier acontecimiento de nuestras vidas y en los muchos detalles que tuvieron lugar antes nos podemos dar cuenta de que estamos llenos de mariposas que revolotean a nuestro alrededor. Por ejemplo, sino hubiera sido porque una amiga muy querida fue un domingo a la biblioteca (cosa no usual en ella) y estacionó su carro lejos por lo que tuvo que caminar un poco, Carlos y yo no estaríamos casados.
Explico: Carlos iba a tocar la guitarra en un cafecito bohemio de la ciudad y puso un anuncio en una de las carteleras que están alrededor de la biblioteca. No puso mucha información pero sí escribió “música peruana”. Nuestra amiga, por tener que caminar casualmente ese domingo, vio el anuncio y convidó a otro gran amigo a ir a ver a este guitarrista desconocido ya que ese otro amigo es peruano. Así comenzó todo, fueron a escucharlo, se acercaron a él por ser peruano y conversaron. Desde allí comenzó una amistad que llevó a nuestra amiga a ponerse el traje de Cupido para presentarnos meses después. Y miren, hoy estamos felizmente casados. Si ella por algún motivo hubiera hecho otra cosa ese día o hubiera estacionado más cerca de la biblioteca, Carlos y yo no estaríamos casados en este momento.
Todo esto me parece tan extraño y formidable a la misma vez, tan interesante, un poco escalofriante pero misterioso y atrayente. ¿No les parece? Muchas veces uno traza su propio destino pero muchas otras todo queda en manos de un par de alitas en el aire.
Hay una película buenísima, a mi juicio, casualmente con el título The Butterfly Effect que recomiendo mucho. Miren aquí el afiche y fíjense en las pocas palabras que lleva… “Change one thing. Change everything”.
The Butterfly Effect Movie
Hace un par de semanas unos primos míos que ahora viven en España fueron a Venezuela porque uno de ellos se casaba con su novia. La boda y todo el bonche fue en nuestra ciudad, Maracaibo. Después, todos, con novia incluída, regresaron a España dejando atrás las fiestas maracuchas y dirigiéndose a seguir con el trabajo y la rutina. Al día siguiente de haber llegado a España uno de mis primos, Ricardo, escribió en su estatus del Facebook: “he vuelto de la ciudad de los Blackberry……”. Me detuve un momento a pensar y me pregunté cuál sería el asombro de Ricardo porque antes de que yo viniera a EE.UU. todo el mundo ya tenía celulares por allá, eso fue en el año 2000. Es más, cuando yo vine aquí en el 2001, casi nadie tenía celular. Ahora sí, todos los estudiantes, profesores y gente que veo por ahí tiene un celular, entre ellos mi esposo y yo. Bueno, pues resulta, que como le respondieron varias personas a Ricardo en Facebook (incluídos otros primos maracuchos) ahora los Blackberrys son un furor en la ciudad, y eso no es todo sino que en toda Venezuela. Entre los comentarios que escribieron en el Facebook de mi primo, y como producto de un esfuerzo mutuo, salió esta nueva palabra: Maracaiberry.
Me llamó mucho la atención además de que me dio mucha risa. ¿Cómo son las cosas, no? Por un elemento externo se va cambiando la identidad o la definición que se le da a una ciudad, a un lugar. En este caso dicho elemento externo es un producto de la modernidad y los avances tecnológicos cuyo servicio se ha convertido en una necesidad para muchos.
Tengo que confesar que hasta unos días antes de la boda maracucha yo no tenía ni idea de qué era lo chévere de tener un Blackberry, obviamente pueden deducir que no tengo uno. Sin embargo, hace como 3 semanas casualmente me encontraba chateando con un amigo de Maracaibo y me preguntó si tenía uno y le dije que no, y cuando le pregunté me explicó que todos los que tienen Blackberrys pueden conectarse y mandarse mensajes de texto sin costo adicional a cualquier lugar del planeta. ¿Qué tal, no? Y yo que pensaba que los IPhones eran lo máximo (tampoco tengo uno). Mi amigo sí que tiene un Blackberry, y ayer me enteré que mi hermano también.
Pues les cuento que Ricardo, hace 8 horas exactamente, puso en el estatus de Facebook: “quien me ayuda con la Blackberry?” Y después de eso, como comprenderán, varias personas comentaron para ayudarlo, incluyendo sin duda algunos primos de Maracaibo. Ricardo ha entrado a Maracaiberry y no sólo eso, sino que se la ha llevado a España. Toda la ciudad se ha ido con él en su corazón y un pedacito descansa, físicamente, en su mano.
En la primaria me enseñaron que el agua es inolora, incolora e insabora. Pues yo digo que no. Puede ser inolora e incolora pero no es insabora. Y estoy hablando de agua normal, sin azúcar ni gotas de limón ni cualquiera de los jugos en polvo que venden para mezclar. Agua nada más. Agua, agua, agua.
Antes de empezar con el cuento, les tengo que explicar que soy de mal comer, es decir, hay muchas cosas que no me gustan, aunque con el pasar de los años he ido añadiendo algunas a la lista de mi paladar. Entonces, no me gustan un montón de comidas y no sólo por su sabor sino que también intervienen el olor y la textura. La guayaba por ejemplo… la guayaba fresca… tiene un olor que no puedo soportar, me da náusea. ¡Cómo quisiera que no fuera así! Bueno, de allí que no me gusten los refrescos, no soporto el gas. No me lo puedo tragar, por eso no tomo tampoco cerveza, ni champaña, es decir, nada carbonatado. Como comprenderán esto es un problema si uno anda de viaje en carretera durante los años ochenta, alrededor de Venezuela, por horas y horas. Mis papás se volvían locos al no tener qué darme de beber porque algunas veces o en algunos kioskos no se encontraba agua, solamente refrescos.
Ahora bien, el mayor problema es que además únicamente me gustaban ciertas marcas de agua, es decir, no podía beber cualquier marca de agua, no sabían igual. Y es que NO saben igual. En aquellos años cuando viajábamos a la playa en Falcón, o a Caracas, o al llano, yo tenía que tomar Agua San Bernardo, sino entonces me conformaba con tomar Agua Minalba. Pero nada más, ¿pueden creer? Niña complicada… prefería morirme de sed… claro, lo que muchos no saben es que cuando no me gusta algo y me lo trago generalmente me produce arqueos, algo bastante desagradable. Después de algunos años el Agua San Bernardo salió del mercado y me quedé con el Agua Minalba, o con el agua, claro, de mi casa y de las casas que frecuentaba.
Ahora que vivo en la Florida y con varios años más encima tengo que confesar que no me gustan ciertas marcas de agua. Por ejemplo, no me gusta el sabor de la Dasani, y esto no es ninguna campaña anti-CocaCola, por si acaso… total, no me gustan los refrescos, ni Coca-Cola, ni Pepsi, ni ninguno. Pero el agua Dasani no me gusta, el sabor no es neutro como el de Spring Hill o Aquafina, por ejemplo. No sé, pero el sabor no es el mismo. De repente será el lugar de origen, que si son de manantial, o de otra parte, o el modo como son procesadas y embasadas. Pero por la razón que sea tengo que decir que el agua no es insabora, y más aun debo recalcar que el agua tiene el sabor más DELICIOSO que cualquier bebida pueda tener. Es sin lugar a dudas mi bebida preferida.
Cómo será que hay palabras bonitas y otras feas… les explico. Lo que se denomina bonito o feo generalmente tiene un cuerpo, es decir, algo palpable, sino tiene que ser una sensación o emoción, algo que evoque un sentimiento amable o desagradable. Ahora bien, las palabras no tienen cuerpo, claro, pueden escribirse, pero no podemos agarrarlas una por una con nuestras manos, hablando de forma literal. Nos queda entonces la parte etérea que las acompaña. ¿Qué hace entonces a una palabra fea o bonita? No tengo la menor idea… quizás el sonido, quizás la conjugación de las letras que la forman, quizás esto depende de cada persona y la percepción que de dichas palabras tenga. Sin embargo, de lo que sí estoy segura es que esto no tiene nada que ver con el significado de la palabra, estoy hablando puramente de estética. Por ejemplo tengo una amiga que dice que la palabra cutis es horrorosa, lo mismo que sobar. Dice que no las aguanta, que cuando alguien las dice le da piquiña. A mí me pasa lo mismo con la palabra pantaleta, no sé por qué pero me parece totalmente horrible, por eso generalmente digo el diminutivo panty o sencillamente ropa interior (femenina). La palabra balde también me parece bastante fea. La misma cosa pasa con yeyo. Bonitas, o mejor dicho, preciosas me parecen chipe, patiflaquis, tembleque, enano… y ahora que lo pienso mejor… creo que es por el sonido, me encanta cómo suenan. Gracias a dios que tendo la dicha de escuchar, si fuera sorda no podría percibir la belleza de las palabras.
Muerte de Michael Jackson http://www.flickr.com/photos/51307573@N00/3665858382/
Yendo de blog en blog me encontré con Telar de Palabras, de Francisco Pereira. Un blog que les invito a visitar. Esta imagen que ven arriba era la que él tenía en la última reflexión que había escrito y me llamó mucho la atención. Tanto así que le pedí permiso para usarla y escribir un poco.
El título de la reflexión del Telar es “Trascendencia” y el texto sencillamente es “Una vez declarado muerto , revivió.” Pocas palabras, mucho contenido. Me inspiré por ello a escribir acerca de la inmortalidad del humano. ¿Quién dice que el ser humano es mortal? Una prueba de ello es Michael Jackson, seguirá vivo por años y años. Y he allí su trasencedencia, como afirma Francisco. Parece ser entonces que el concepto de inmortalidad sufre una metamorfosis y se convierte en trascendencia en el caso del humano. La perpetuación en el tiempo se da no en carne y hueso, ni tampoco en forma de ánima, se da por medio de la esencia del que ha fallecido, la cual queda esparcida por el mundo, por una ciudad, por una familia. ¿Cuáles personas que la pasaron vivos y coleando ahora son inmortales? Tenemos a Einstein, Darwin, Elvis Presley, Juan Pablo II, Freddy Mercury, la Madre Teresa, Rómulo Gallegos, Leonardo Da Vinci, Juana de Arco, Mario Benedetti, Ray Charles, Marilyn Monroe, Simón Bolívar, Virginia Woolf, Pablo Picasso, en fin… a muchos muertos vivos. Y la lista la acaba de alargar el rey del pop, Michael Jackson.
Que si al pobre no lo quería antes y ahora sí… con eso no me voy a meter. Lo que me llama la atención es que ha logrado alcanzar lo que muchos han buscando en tesoros perdidos, han tratado de conseguir con pócimas inventadas, han pedido a cambio de su alma: LA INMORTALIDAD.
¿Seré yo inmortal? Y una pregunta más al alcance de una respuesta: ¿Me interesa ser inmortal? Si Dios o la naturaleza nos ha dado un número exacto de años para permanecer en la tierra ¿por qué buscamos quedarnos para siempre aquí? Eternamente… Sin embargo, por lo menos entre mi familia sí espero perpetuarme. Quiero que mis bisnietos me recuerden. Un profesor de mi esposo dijo una vez en clase que las personas únicamente duran tres generaciones, la propia y dos más. Después de eso el nombre y la figura se borra de la faz de la tierra, a menos que logren, como Michael Jackson, trascender. Es decir, los tataranietos no se acuerdan de los tatarabuelos que nunca conocieron vivos. Yo soy una tataranieta con una amnesia total… y tengo que confesar que no me acuerdo del nombre de todos mis bisabuelos y menos por supuesto puedo discutir qué hicieron en su vida. Sólo me acuerdo de los nombres de dos bisabuelas, Mamina (ni siquiera sé el nombre real) y María Eladia (este no se me olvida porque Eladia se llama mi madre). Yo realmente deseo que mis nietos se acuerden, por lo menos, del nombre de mi madre, de mi padre. Mínimo.
La memoria juega un papel importante en todo esto, como dice Francisco en su Telar, Michael Jackson revivió… después de haber estado largo tiempo medio moribundo, después de haberse muerto verdaderamente. Ahora es un muerto vivo… que habita precisamente en la memoria de todos los que alguna vez escucharon su música y vieron su transformacióm a través de los años. Vamos a ver qué nos depara el destino, si seremos parte o no de la memoria de algún vivo.
¡Qué viva la inmortalidad del humano! ¡Qué vivan los muertos vivos!
Queridos todos: Acabo de cambiar el nombre de mi blog… resulta que ya había un blog con el mismo nombre y yo no me había dado cuenta. Como el otro bloguero había comenzado primero que yo en esto, no quise ni siquiera tratar de exigir que cambiara el suyo, batalla que no creo hubiese ganado, así que me puse a buscar nombres nuevos para mi blog. Menos mal que el dominio es mi propio nombre… sino hubiera sido un gran trastorno hacer el cambio. Bien, como este blog está dedicado a conversar de cosas cotidianas y como eso muchas veces se hace tomando cafecito, decidí irme por esa vía. Me imagino que estamos reunidos, tomando café, conversando, deleitándonos. Cuando me dispuse a tomar la decisión pensé en aproximadamente 250 nombres y mi esposo en 250 más. De estos, 490 ya los había escogido y los 10 restantes se parecían a otros ya existentes. Unas amigas, Isabel y María Antonieta (¡gracias!), me dieron algunas sugerencias, todas muy creativas, y finalmente la de María Antonieta no había sido escogida como nombre de un blog (que yo me haya dado cuenta…) y se parecía a algunas opciones que yo tenía relacionadas con el olor del café que lo llama a uno a conversar. Así que lo escogí, feliz y contenta. Decidí también cambiar un poco los colores, con tonos más cálidos, un poco más tirando a tierra como el café y un poco más etéreos como los aromas. Entonces ya está, Café y otros aromas. Bienvenidos, nuevamente.
Ajá, como lo leyeron, ¡arriba la celulitis! Me he estado fijando últimamente que TODAS mis amigas, absolutamente TODAS, sin excepción, tienen celulitis. Unas más que otras pero todas tienen. Tanto las gordas, gorditas, delgadas hasta las superflacas. Hasta las que se la pasan en el gimnasio y tienen el abdómen muy bien definido. TODAS. Claro, las que están un poco más subidas de peso o son mayorcitas tienen más que las demás pero todas tienen. Mis estudiantes también, digo, como vienen con shorts supercortos se les ve. Y mis estudiantes no pasan de 23 años (en promedio). Las muchachas que veo en los supermercados, incluso adolescentes, tienen celulitis. Entonces, si la celulitis es algo que toda mujer desarrolla en algún momento de la vida ¿por qué tenemos que luchar tanto contra ella? ¿Por qué tenemos la idea de que se ve feo? ¿De que mientras menos se tenga más bonito se ve el cuerpo de uno? ¿A QUIéN SE LE OCURRIó ESTA IDEA TAN TONTA Y ANTIPRáCTICA? Y todas las mujeres nos quedamos sometidas… yo soy una… me la paso mirándome las piernas… porque últimamente… es decir, mientras más años cumplo más me sale y sigo haciendo ejercicio y comiendo saludablemente. ¿Por qué tratar de eliminar algo que el cuerpo desarrolla normalmente con el pasar de los años? Claro, es lo mismo con las arrugas y la cirugía plástica, con las canas y el tinte para el pelo, pero la diferencia es que si hay una viejita que está arrugada y tiene canas y no se ha hecho cirugía plástica ni se ha pintado el pelo a nadie le desagrada, o sea, está arrugada porque está vieja, y punto. Se considera algo muy normal. Pero si uno tiene celulitis entonces se considera feo. PROTESTO, PROTESTO Y SIGO PROTESTANDO. Y por si no lo sabían, en este lado del planeta todo este culto a la desaparición de la piel de naranja comenzó en los años 60 cuando a la revista Vogue se le ocurrió decir: “Like a swift migrating fish the word cellulite has suddenly crossed the Atlantic.” (Vogue, 15 abril 1968). Desde ahí estamos fregadas. Lo interesante es que los médicos (por ejemplo, MedlinePlus Encyclopedia) consideran la celulitis algo muy NORMAL tanto en mujeres como en hombres (aunque en mucha menor cantidad), claro que esto no lo saca Vogue y por consiguiente ninguna mujer se entera… un horror. Imagínense que los médicos aseguran que es una consecuencia de la pubertad, es decir, cualquier mujer la puede tener, no es algo intrínseco en las gordas. Por supuesto, con esto no quiero obviar el cuidado de la salud, como todo en el cuerpo hay que estar pendiente porque si se abusa con las grasas entonces la celulitis puede convertirse en algo dañino más que estético y hasta puede causar dolor y una condición de la que se puede sufrir. Pero si estamos en el nivel o grado normal, a ponerse bikini y shorts que la celulitis no nos la quita nadie. Con esto me despido no sin antes compartir algunos datos interesantes:
Vogue abril 1968
Mejores y peores II
Resulta que el Día del Padre de este año una de las secretarias de la oficina estaba de cumpleaños y el lunes fui a felicitarla. En el interín le pregunté si le pasaba frecuentemente tener que celebrar su cumpleaños junto con el Día del Padre. Pues me quedé sorprendida al enterarme que no sólo le pasaba eso sino que ella había nacido en el aniversario de bodas de sus padres. Por unos segundos me quedé pensando y mi cerebro me traicionó ya que supuse que ella había nacido el día de la boda de sus padres (jeje) pero no, ella nació algunos años después el día del aniversario de bodas de sus padres que casualmente algunos años cae justo el Día del Padre. Como me vio la cara de asombro me dijo que eso no era todo, sino que su mamá había nacido el mismo día que su hermano mayor pero unos años después y que su hermano menor pero unos años antes. ¿Qué les parece? Es decir, su mamá y sus dos tíos cumplen año el mismo día. ¿Tendrá entonces que ver algo con la mamá el hecho de que ella haya nacido el día del aniversario de bodas de sus padres? ¿Por qué tanta coincidencia? Veamos que puedo sacar yo de mi propia familia:
Esto de los números es fascinante, y de las fechas ni se diga… y si nos ponemos a hablar de astrología, los signos del zodíaco, las cartas astrales, etc., etc., creo que no terminaríamos nunca. Es un misterio… pero ¿será inexplicable? mmmm
¿Qué tal, no? Si tienen algunas anécdotas de este estilo me gustaría que las comentaran.